Vivir con Vitalidad. Azúcar vs Cereales Integrales

Vivir con vitalidad es tener en cada momento la energía suficiente para llevar a cabo nuestro día a día. Pero desde una situación de bienestar, con ganas, con buen humor, con fuerzas para afrontar lo que venga y no terminar el día en agotamiento.

Y para tener energía, comemos hidratos de carbono. Pero…

¿Qué tipo de hidratos de carbono nos interesan?

¿Son todos iguales?

¿Es lo mismo un bollo que un plato de arroz integral?

¿Pero los hidratos de carbono no engordan mucho?

La diferencia entre el efecto de un terrón de azúcar y una crema de cereales integrales, es energéticamente como alimentar una hoguera con hojas y ramas secas o con troncos de leña. En los dos casos obtenemos calor y energía, pero de una forma muy distinta.

Con hojas, papel o palitos secos, obtendremos con efecto inmediato una llama enorme y mucho calor, pero sabréis que en poco tiempo se consumen y se apagará y necesitaríamos echar más hojas secas.

En el caso de echar un buen tronco de encina, por ejemplo, prender el fuego será más lento, puede ser que al principio no obtengamos grandes llamaradas, pero el calor será más profundo e intenso y sobre todo nos calentará durante mucho más tiempo, hasta que se consuma lentamente todo el leño.

Pues de esta misma forma actúan el azúcar o los cereales integrales en nuestro cuerpo. En el primer caso obtenemos un efecto muy rápido e intenso. El azúcar es un mono sacárido de absorción muy rápida, van directamente a la sangre donde se produce un pico de glucosa. ¡Obtenemos energía como una gran llamarada!.

El páncreas reacciona y genera rápidamente grandes dosis de insulina para que las células absorban esta cantidad de glucosa, que es la forma en la que obtenemos la energía que necesitamos para vivir. Pero en este caso hay un excedente de glucosa, demasiada, no necesitamos tanta energía en ese momento.

El cuerpo tiene varios mecanismos para almacenar esta energía y poder usarla posteriormente, uno es el hígado que transforma y almacena la glucosa en forma de glucógeno (pero tiene una capacidad limitada) y la otras son las grasas. El exceso de glucosa en sangre que genera el azúcar de una forma tan puntual, termina almacenándose en el cuerpo en forma de grasa.

Es por eso que el azúcar, a pesar de no tener nada de grasa, engorda tanto.

Además, una vez que el cuerpo ha sido capaz de eliminar de la sangre todo el azúcar, esta continúa cargada con grandes dosis de insulina. Mientras el páncreas consigue regularlo y estabilizar los valores normales, las células están en modo absorber energía y este estado nos produce hambre y más ganas de dulce. ¿No habéis notado que al rato de comer un donut o algún otro bollo nos entra mucha hambre? Si volvemos a tomar azúcar, volveremos al mismo ciclo, lo que supone un estrés importante para el cuerpo, sobre todo para el páncreas, que híper estimulado podría terminar fallando y enfermando de diabetes.

He hablado del azúcar porque es el alimento que tiene un efecto más extremo en este sentido, pero lo mismo podría aplicarse a las harinas y cereales refinados.

Por el otro lado tenemos los cereales integrales que al no estar refinados mantienen toda su fibra y sus propiedades, son semillas, granos vivos que si los pones en agua o los siembras, verás cómo germinan. Son hidratos de carbono en forma de polisacáridos, cadenas largas de azucares cuya su absorción en el organismo es lenta y nos proporciona una energía estable, sin picos.

En este caso el páncreas libera insulina escalonadamente. El cuerpo va consumiendo la energía que necesita y si sobra algo, el hígado es capaz de almacenarlo en forma de glucógeno. Cuando los niveles de glucosa bajan en sangre, el páncreas se estabiliza fácilmente, ya que no se ha producido en ningún momento un pico de azúcar. A partir de entonces y mientras no volvamos a comer, el hígado va soltando el glucógeno almacenado y lo transforma de nuevo en glucosa que se metaboliza para proporcionarnos energía estable.

¡Ojo! Que también si nos pasamos de comer, por muy integral que sea el cereal, puede que no tengamos picos de glucosa, pero si se come en exceso, sin hambre real, llegará un momento en que el cuerpo no tendrá más remedio que recurrir a almacenar el excedente como grasa.

El azúcar es un alimento extremo, de vibración muy rápida, sentimos rápidamente sus efectos, ya sea en exceso como en defecto, y con una energía que nos dispersa, nos relaja de las tensiones acumuladas y nos hace sentir bien, por eso muchas veces recurrimos a él. Nos falta energía y nuestro cuerpo la pide a gritos. ¡Es urgente! ¡Fuego rápido!.

Si en vez de consumir alimentos con azúcar, tomáramos cereales integrales, no se producirían estas bajadas tan grandes y nuestra energía se mantendría estable durante más tiempo. Sentiríamos el hambre sería de una forma gradual, sin urgencia.

Ahora, conociendo el metabolismo de los diferentes tipos de hidratos de carbono y sus efectos, ya podemos elegir libremente lo que consideramos que nuestro cuerpo necesita.

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Estaría encantada de recibir cualquier duda o comentario. Dime qué te ha parecido ¿has sentido tú así el efecto del azúcar? ¿has probado la diferencia de comer cereales integrales o refinados?